jueves, 22 de junio de 2017

Críticas y opiniones sobre la crianza bilingüe

opinions

Es cierto que al embarcarte en la aventura de hablarle a tu hijo en un idioma que no es el tuyo se genera mucho escepticismo y muchas críticas a tu alrededor. Sin embargo, dependiendo de quien vengan los comentarios, te son indiferentes, o te duelen.

Hoy en día hay muchas parejas donde los idiomas nativos de cada una de las partes no son los mismos. En estos casos, te sueles encontrar varias situaciones:
  • si las dos personas entienden el idioma del otro, puede que cada una hable en su idioma, e interactúen así
  • puede también, que elijan uno de los dos idiomas para comunicarse entre ellas
  • y puede que elijan un idioma que no es el nativo de ninguno de los dos, porque no conocen el idioma del otro. En este caso suele elegirse el inglés como idioma vehicular de la relación
En estas relaciones el hecho de que el idioma en el que se comunican no sea su idioma nativo no supone un problema en absoluto para la pareja. No implica que en la relación haya menos comunicación, ni menos cariño, ni menos muestras de afecto. Y esto la mayoría de la gente lo ve natural y no lo cuestiona. 

Sin embargo, cuando decides hablarle a tu hijo en un idioma que no es el tuyo, sí empiezan a cuestionarte. Es verdad que cuando tienes un hijo de repente parece que todo el mundo tiene una opinión que darte sobre como haces las cosas (que si le das teta, que si le das biberón, que si lo duermes en brazos, que si lo dejas llorar para dormir, que si le pones tele o no, le das dulces o no, que si, que si, que si....), pero resulta que si además a este cóctel le añades algo un poco fuera de lo habitual, como el hecho de hablarle en un idioma que no es el tuyo, las opiniones aumentan incluso más.

Mi hijo entiende el idioma que le habla su padre y el que le hablo yo. Su relación con ambos está llena de cariño, cercanía y confianza. Y eso lo veo en sus gestos, sus miradas y su forma de comportarse con nosotros, no sólo en sus palabras.

Esta claro que somos sus padres, no sus amigos, y que nuestra labor como tal es criarlos y educarlos. Corregirles cuando es necesario, regañarles cuando tenemos que hacerlo, y consolarles cuando corresponde. Pero eso lo hago en inglés al igual que lo haría en español.

Y también es una realidad que el carácter de cada uno es el que es, independientemente del idioma. Yo no quiero menos a mi hijo por no hablarle en español, ni soy menos cercana a él por no decirle cosas como cuchufleta o mofletitos, porque os aseguro que es algo que tampoco le diría aunque no hubiera decidido hablarle en inglés. Creo que soy tan cercana a él en un idioma como lo hubiera sido en otro.  

No me estoy justificando por lo que hago, ni lo esto defendiendo. No necesito hacerlo. Es una decisión muy personal que el padre y yo tomamos de forma conjunta y meditada, y con la que estamos muy tranquilos. Especialmente porque vemos que el peque crece feliz y contento, que el idioma no es una barrera ni genera distancias de ningún tipo en nuestra relación, y además consideramos que le estamos aportando algo que va más allá de que adquiera una lengua nueva en la infancia. No voy a negar que en alguna ocasión me surgen dudas, porque sí me surgen, ¿pero quién no las tiene en lo que se refiere a la crianza y educación de sus hijos?

A veces estas críticas duelen pero, y esto no se si es por mi forma de ser, pero a mi curiosamente también me dan fuerzas para seguir adelante en esta forma de vida que hemos elegido para nuestra familia

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